Días a Flor de Piel




Llevo varias semanas de mucho movimiento, externo. Reuniones, viajes, trabajo, maternidad, pareja, cambios… UFFF la vida me sobrepasa, me cansa, me desconecta, o, mejor dicho, me desconecto de mí.

Llevo varios días moviéndome en la vulnerabilidad, la sensibilidad. Me siento a nivel corporal, cansada, pesada, y dolorida. A nivel emocional, triste, y algo enfadada y mentalmente siento que mis pensamientos van muy rápidos, nada claros, y muy ruidosos. Bien, y una vez chequeada, ¿Qué hago con esto?

Toda mi vida he enlazado vulnerabilidad a debilidad, así que llevo toda mi vida, gestionando esta parte de mí, desde el enfado. No permitiéndome ese sentir que me hace humana, que me pone en contacto con mi sensibilidad, y a la vez con esa parte que me permite el cuidado de mi misma. Siempre pensando que tenia que ser fuerte continuamente, y no flaquear ante la vida, las circunstancias. Desde esta creencia de vulnerabilidad igual a debilidad, durante todo este tiempo, no he sabido, cuales eran mis necesidades reales, no podía conectar conmigo, darme el descanso que necesitaba, alimentarme rico y sano, expresar aquello que necesitaba, como la tristeza, dolor, o cansancio, o simplemente para retirarme del mundo, y parar. Así que continuamente transgrediendo mis límites.

A lo largo de nuestra vida, vamos construyendo corazas, a partir, de vivencias que fueron doloras en nuestra infancia, para evitar volver a experimentar un dolor igual al vivirlo. En la edad adulta esta coraza sigue manteniéndonos fuera de contacto con nuestras emociones, caminamos con un blindaje que nos proteja, del miedo, la tristeza, el dolor, o el contacto profundo con alguien...

Todas las emociones, incluso las desagradables, son sanas, naturales y necesarias. Huir de aquellas que nos resultan incomodas, o desagradables, traen consecuencias negativas para todas las áreas de nuestro ser. Estas corazas que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida, no solo nos protegen frente a estas emociones desagradables, sino que también nos insensibiliza frente a todas las emociones, incluso de aquellas que son agradables, y deseables.

Huir de nuestra vulnerabilidad nos cierra, nos vuelve insensibles, duros, distantes, fríos. Nos hace la piel demasiado gruesa, impasible ante el contacto. Sin abrirnos, tampoco nos llegará amor, empatía, afecto, compasión, no podemos conectar a un nivel profundo con nosotros mismos, ni con el otro.

Hoy mi creencia es Vulnerabilidad igual a Fortaleza, a pesar de mi miedo, mi dolor, mi imperfección, me muestro, me doy al mundo, y acepto la posibilidad de ser herida, de ser tocada, y también me abro a la posibilidad, de amar, ser amada, de permitirme conmover al otro y por el otro, vincular desde lo profundo, tomar contacto más allá de la superficie.

¿Y qué hago con estos días y mi vulnerabilidad?

Hoy me cuido, me retiro del mundo, para abrirme a un contacto profundo conmigo, me hago cargo de mi tristeza, de mi cuerpo. Me alimento rico, me acaricio, me paro, me muevo lento. Pido aquello que necesito, un abrazo, un beso, silencio. Me escucho, y me entrego a mi sensibilidad, y expreso que hoy no puedo. Me entrego a la inmensidad de la vida.

Hoy en mi ejercicio como terapeuta, puedo ver la dificultad de aquellas personas que vienen a terapia, que como yo hace algún tiempo, ven su vulnerabilidad como un terrible monstruo del que hay que huir y protegerse. Me conmueve y me admira como sesión tras sesión, las corazas, van flexibilizándose, aparecen grietas, y se da la magia, se dan permiso a sentirse, a contactar desde lo profundo, con su ser, con su dolor, con su tristeza, con sus miedos. Ver mi vulnerabilidad me permite sostener la del otro y ver la belleza de lo humano, y a la inversa, ver la vulnerabilidad del otro, me pone en contacto con la mía propia, y me permite ver al otro en su esencia.

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